El encanto de Lisboa

Imagen vía: Wikimedia Commons

El fado, ese género musical portugués, hermoso homenaje a la nostalgia y la fatalidad, fue una de las principales razones que despertaron desde hace varios años el anhelo de conocer Lisboa.

Nunca la expectativa de un viaje nos fue tan bien correspondida. Su gente, sus calles, olores, sabores y sonidos, se unen para hacer de este viaje una experiencia inolvidable. Lisboa seduce y envuelve, detona una relación íntima con ella.

Su riqueza arquitectónica es innegable, pero el espíritu de esta ciudad radica en mayor medida en la cercanía de su gente. Si bien difícilmente se borren de la memoria el Castillo de San Jorge o el Monasterio de los Jerónimos, lo que quedará para siempre en el corazón del viajero es la natural inclinación de los lisboetas a conversar. Esto sin importar la edad. Los viejos no están ocultos en sus casas entregados al olvido, están como los jóvenes compartiendo con sus amigos al calor de un buen vino en los cafés o restaurantes de la ciudad.

Es de admirar el espíritu fraterno de los habitantes de Lisboa. Ellos cantan al dolor en el fado, pero eso no significa que sucumban a él. Son nostálgicos, pero no ceden a la derrota.

El rostro de Lisboa es europeo pero con un cierto aire latinoamericano. Lisboa es el recuerdo de sí misma y el de otros lugares en los que el paso del tiempo se posa con encanto sobre las fachadas. Recorrer sus calles ha significado de alguna forma revisitar las paredes desgastadas de La Habana; escuchar de nuevo el sonido de las campañas que evoca alguna iglesia en una calle empinada en Sao Luís de Maranhao en el nordeste brasileño; trepar por las escaleras angostas y observar los tejados sobre el puerto como en Valparaíso; toparse con un olor que recuerda un poco a Buenos Aires. Lisboa ha sido transitar sensaciones ya vividas, pero sin perder el peso del asombro y sin que se le arrebate su propia identidad poética.

A Lisboa hay que volver una y otra vez, y aun así, no alcanzaría el tiempo para beber del inagotable espíritu de barrios como Chiado, Baixa, Bairro Alto, Belém o Alfama. Las calles, los balcones, los techos, las paredes con sus azulejos, las iglesias, el río, el tranvía, se superponen en cada registro de la mirada, reúnen en una sola sensación a la alegría y la tristeza.

El último día nos fuimos para el laberíntico Alfama, el barrio del fado.

Hay que buscar, hay que preguntar, dudas incluso si sí encontrarás lo que buscas. Pero cuando das con ese lugar en el que las voces y las guitarras te envuelven en su melancólica belleza, querrás que la noche de Lisboa nunca termine y que no cese de prolongarse en tus recuerdos.

  • Estando en Lisboa también puedes visitar la Plaza de los Restauradores que conmemora la liberación del país del dominio español.
  • Recorre las hermosas casas de Praca de Figueira.
  • Sal y disfruta de Lisboa en el Barrio Alto, donde podrás encontrar bares, restaurantes y un excelente ambiente.
  • Pasa por el Arco del triunfo que conecta  Rua Augusta, una de las calles peatonales de la ciudad con Praca del comercio.
  • Visita el barrio de Belém, el barrio más histórico y monumental de Lisboa.
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